Elecciones en Nigeria: ¿una nueva época para el continente? Por Sergio Galiana

President Goodluck Jonathan (right) and Gen. Muhammadu Buhari, Photo UNDP Nigeria

Foto UNDP Nigeria

El 1° de abril la Comisión Electoral Independiente de Nigeria hizo un anuncio histórico no sólo para el país sino para todo el continente africano: el general Muhamadu Buhari (ex presidente de facto entre 1983 y 1985 y candidato derrotado en las elecciones presidenciales de 2011) derrotó al actual presidente Goodluck Jonathan en las elecciones presidenciales celebradas el 28 y 29 de marzo y ejercerá la primera magistratura del país por los próximos cuatro años.

Pese a la desconfianza que había generado la posposición del proceso electoral, previsto originalmente para el 14 de febrero, los comicios se llevaron a cabo con normalidad y sus resultados fueron aceptados por las principales agrupaciones de manera que por primera vez en la historia nigeriana a un presidente elegido democráticamente lo sucede otro de distinto signo político.
Con más de 170 millones de habitantes (el 15% de la población de todo el continente) Nigeria es la mayor democracia de África. Desde su independencia en 1960, el país estuvo más años bajo gobiernos militares que bajo gobiernos civiles surgidos del voto popular, y hasta el día de hoy la utilización política de las diferencias regionales, étnicas y religiosas provocaron grandes enfrentamientos, como la guerra de secesión de Biafra entre 1967 y 1970 o el conflicto en torno a la aplicación de la ley islámica en los estados con mayoría musulmana.
Entre los principales desafíos que debe enfrentar Buhari se encuentran la profunda desigualdad económica y social -pese a ser la primera economía del continente más de la mitad de la población vive en la pobreza extrema-, los daños ambientales provocados por la explotación de hidrocarburos en la zona del Golfo de Guinea -Nigeria es el primer exportador de petróleo del África subsahariana- y el combate contra Boko Haram.
En este último tema, la herencia dejada por el gobierno de Jonathan es, por lo menos, ambigua: en el último año se vio obligado a reconocer la amenaza que este grupo implicaba para la población nigeriana pero fue incapaz de llevar a cabo una ofensiva para combatirla, al punto que en febrero de este año comenzó a articularse una estrategia militar más amplia junto con Camerún, Chad, Níger y Benín.
Más allá de la magnitud de los problemas de este país, sin lugar a dudas la principal potencia regional en África occidental, la transición política iniciada a comienzos de abril puede ser el puntapié inicial para un nuevo camino donde la participación popular y la búsqueda de consensos en el marco del respeto de las reglas de juego marquen el rumbo de la democracia africana.

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